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REVOLUCION DE MAYO - OTRA HISTORIA EN LA ESCUELA.

Publicación de la CTERA con motivo de la conmemoracion de los 200 años de la Revolución de Mayo.
La CTERA acerca a los docentes propuesta acerca de cómo trabajar esta temática en el aula.

La educación pública, universal y gratuita fue en la Argentina constitutiva del Estado Nación. Como correlato, los docentes fueron los apóstoles laicos de un proceso civilizatorio que se realizó sobre el genocidio de los pueblos originarios y el arrasamiento de las culturas de las grandes masas de inmigrantes llegadas de Europa, que se deshacía de su excedente absoluto de población.
El proyecto de Estado oligárquico de la generación del 80 tuvo una gran eficacia en términos de integración y homogeneización. Para cuando se sanciona la ley 1420, en 1884, todas las capitales de provincia tenían su escuela Normal Nacional. Desde estas instituciones se formaron muchas generaciones de maestras/os, con una fuerte identidad anclada en las ideas positivistas propias de la época que dejaron una marca indeleble en el sistema educativo argentino. Su optimismo pedagógico sin fisuras tuvo una eficacia simbólica sumamente potente a la hora de convertir a la escuela en un instrumento de integración y ascenso social, por supuesto en los marcos de las necesidades del desarrollo capitalista dependiente de nuestro país.
Aún así, adentro de la escuela estuvo nuestro pueblo, que tempranamente se apropió de las herramientas necesarias para leer y producir periódicos, organizarse y didácticamente constituir un bloque histórico que produjo acelerados procesos de distribución de la riqueza y democratización de la sociedad resistiendo a los golpes militares del 55 y el 66.
En ese período se produjo además una gran expansión del sistema educativo, con importantes experiencias de educación popular en los 60 y 70.
Tan claro estuvo esto para el poder económico y político concentrado que una de las tareas fundamentales de la dictadura genocida 76/83 fue desmantelar el sistema educativo, perseguir, asesinar, encarcelar, cesantear docentes y estudiantes, prohibir libros, asignaturas, cerrar carreras. Lo decía claramente Jaime Lamon Smart, ministro de gobierno de Ibérico Saint Jean en la Provincia de buenos Aires: “no alcanza con eliminar a los guerrilleros, hay que eliminara también a los que los armaron con ideologías subversivas, que no son otros que los profesores de todos los niveles de la enseñanza.”
No en vano, uno de los primeros asesinados por la dictadura fue Isauro Arancibia, en la sede de su sindicato ATEP, en Tucumán. La lucha de Isauro y la CTERA desde su fundación, por defender una educación popular, democrática y con un sentido emancipatorio, colocó a sus dirigentes inmediatamente en la mira de los genocidas.
Recuperada la democracia, desde la escuela, con muchas dificultades al principio, pero con mucha fuerza e instalación actualmente,  se ha trabajado sobre la historia reciente, la memoria de los luchadores populares y la desmitificación de la historia nocional develando también los que significó la supuesta “campaña del desierto” como modo de exterminio de los pueblos originarios para ampliar la frontera agrícola que produjo el famoso “país de los ganados y las mieses” que cantó Lugones en el primer centenario que se celebraba bajo Estado de Sitio para reprimir las luchas obreras conducidas por anarquistas y socialistas.
Hoy como producto de nuestra larga lucha, tenemos nuevas leyes que consagran a la educación como derecho social, el respeto a la multiculturalidad, los derechos del niño/a, la sustentabilidad ambiental, la equidad de género, la no discriminación, etc, pero nuestro desafío es hacer que lo que dicen las leyes no sea meramente declarativo y se transforme en realidad. Es lograr que nuestras escuelas sean lugares de construcción de derechos, formando sujetos que estén en condiciones de pensar críticamente y organizarse para exigir el pleno ejercicio de sus derechos individuales y los del conjunto.


Stella Maldonado
Secretaria General
CTERA

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