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Columna Editorial. Marzo 2022

Columna Editorial. Marzo 2022

EL VIEJO TRUCO DE “PAGAR POR MÉRITO”

El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires arremete nuevamente contra la docencia. Esta vez lo hace a través de la intentona de modificación del Estatuto Docente. Y lo hace, como tantas veces, sin dialogar con las representaciones legales de la docencia, que histórica y legítimamente, han sido las defensoras de los derechos laborales en lo que refiere a las condiciones y a la carrera docente.


						

Uno de los principales puntos que del proyecto larretista consiste en modificar el Estatuto vigente para condicionar el salario docente a la capacitación.

En síntesis, sería “pagar mayor salario a quien más se capacita”. Este es un discurso que entra fácilmente en el sentido común, ya que suena razonable la idea de que “quién más se prepara, más gane”.

La derecha siempre apela a este tipo de simplificaciones de la realidad para imponer sus principios reaccionarios y conservadores, instalando la lógica del dominador en la cabeza de las propias víctimas.

Este discurso se sustenta en la idea de la meritocracia, que alienta la creencia de que el éxito individual se debe exclusivamente al propio esfuerzo y al mérito personal y que, consecuentemente, quien triunfa, “merece” una recompensa. Pero la otra cara de la misma moneda de la meritocracia, tiene que ver con el prejuicio instituido al respecto: quienes “no tienen éxito” es solamente por responsabilidad propia.

La meritocracia funciona, entonces, como un clasificador social, laboral, etc., donde se premia a quienes se adaptan a los parámetros impuestos por las clases dominantes y se castiga a quienes no entran, o salen mal, en dicha competencia. Divide a las y los sujetos sociales en ganadores y perdedores, y alimenta la arrogancia entre los que triunfan y promueve el desprecio y humillación hacia los que quedan relegados.

Sobre esto se erige la “retórica del ascenso” a la que apela el Gobierno de la CABA, “alentando” a las y los docentes a mejorar su propia condición individual, a través de la realización de capacitaciones bajo el criterio de la acumulación de “papelitos”.

Es la teoría credencialista del mercado aplicada a la educación y a la regulación del trabajo docente, que incentiva a una “carrera horizontal” ofreciendo mayor remuneración y/o status laboral, al mismo tiempo que vulnera el principio laboral fundamental que brega por “igual salario a igual trabajo”.

La constitución Nacional establece “igual remuneración por igual tarea”, y los tratados internacionales sobre derechos humanos van en el mismo sentido respecto a la base igualitaria en la remuneración: “toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual”.

Toda la lucha histórica del colectivo docente, los logros y los derechos conquistados, se pretenden reducir en la CABA al principio neoliberal del esfuerzo individual, al mérito y a la aceptación sumisa de ser evaluados como “competentes” para el merecimiento de un mejor salario.

Esto tiene como agravante que en la misma jurisdicción se impone una línea de formación docente tecnocrática, que intenta adoctrinar en los valores del mercado; imponiendo determinadas temáticas, sometiendo a sistemas de evaluación por competencias y control y, por otro lado, discriminando y reprimiendo (no reconoce, ni acredita) toda propuesta formativa con sentido crítico-emancipador, latinoamericanista y en clave de derechos humanos, especialmente si provienen del Estado Nacional o de las Organizaciones Sindicales docentes como la CTERA.

La regulación del Trabajo Docente no debería centrarse en preparar maestras/os y profesores/as para la competencia meritocrática, sino en garantizar las condiciones para la dignificación de la tarea de enseñar. Se deberían impulsar medidas de política educativa para mejorar las condiciones laborales, el salario, la salud y la seguridad de las y los trabajadores, independientemente de los logros individuales o de la cantidad de capacitaciones obtenidas.

El mérito individual es una falacia si no se entiende que estamos en una sociedad cuyo punto de partida es la desigualdad, que la “igualdad de oportunidades” es una ficción y que la “igualdad de posiciones” debe ser un requisito sine qua non. Más que promover méritos individuales, se necesitan Políticas de Estado que favorezcan las mejores condiciones de la existencia de la población. Porque los mayores esfuerzos y los mejores logros son colectivos.

El poder dominante ataca y persigue a los Sindicatos y a sus dirigentes justamente por eso. Porque son los que entienden que la salida es colectiva y no el sálvese quien pueda que permanentemente reedita el neoliberalismo.

Miguel Duhalde

Secretario de Educación CTERA

Buenos Aires, 21 de marzo de 2022 

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