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Columna Editorial. Octubre 2020

Columna Editorial. Octubre 2020

ESCUELAS ROJAS, VERDES Y AMARILLAS

La semana que acaba de pasar concluye con una decisión de la cartera educativa que fue “tomada” e interpretada más para calmar a las fieras aperturistas y anticuarentena que para terminar de resolver el problema de fondo. 

Hay un sector de la sociedad que parece no soportar la “levedad de ser” una sociedad sin clases (escolares) -seguramente son los mismos que tampoco soportarían una sociedad sin clases sociales y con igualdad-. Este sector se ha hecho sentir por estos días, especialmente ayudados por los medios de comunicación hegemónicos.

En la misma semana disparatada también se han escandalizado por el “delito” cometido por aquellos desposeídos de la tierra que hacen sus casas de palo y chapa en Guernica (vaya nombre, Guernica). Mientras aplaudían que en la misma semana se aprobaba “legalmente” la toma de tierra pública de Costa Salguero para que los millonarios (que no hacen sus casas de palo y chapa) multipliquen sus negocios.

Los mismos millonarios que a la vez se oponen a aportar con sus impuestos para mitigar las desigualdades. Los millonarios y representantes de los millonarios que se la pasaron fundamentando la teoría neoliberal del derrame de la riqueza y que ahora no soportan la levedad de una contribución solidaria y por única vez.

Hay que recordar que desde sus inicios los neoliberales se la pasaron diciendo que hay que esperar que se llene la copa de los ricos hasta que se derrame y, entonces, caerá el excedente sobre los pobres que, abajo, esperan. Poniendo en práctica su propia “teoría del derrame”, ahora se les esta? tratando de reglamentar solo una partecita, pero reculan con argumentos como el de la “meritocracia” y/o reaccionan con escraches a quienes pensaron en esta ley que insinúa la redistribución de las riquezas.

En esa coyuntura celosa de la propiedad privada y negadora de la solidaridad están forzando la “apertura de las escuelas” porque ya no se soporta (“dicen”), una sociedad sin clases.

Estos sectores parten, como la mayoría de las veces, de una tergiversación de los hechos de la realidad, y bajo el lema “después de todo es lo único que falta abrir”, titulan en los diarios y en sus dichos cotidianos: “En el interior no vuelven las clases” (La Nación), “cómo será la vuelta a clases en los colegios privados de la Ciudad...” (Clarín), etc, etc. Negando en sus dichos cuestiones muy importantes que han sucedido y que pueden suceder.

En primer lugar, las clases no “vuelven”, ni tampoco hay un “año perdido”, ya que el proceso educativo iniciado en el mes de marzo bajo un contexto de pandemia tuvo una continuidad pedagógica a través de las diversas políticas desplegadas desde Estado y especialmente por el compromiso de la docencia que, a pesar de la intensificación y sobrecarga laboral, ha estado trabajando (“dando clases”) todo este tiempo y tratando de resolver las grandes desigualdades socioeducativas preexistentes.

Es por ello que en la forzada apertura de las escuelas vemos más un fenómeno de farandulizacio?n de la realidad y una carrera alocada para ver quién es el primero que abre todo, y no un verdadero abordaje de la profunda problemática que estamos viviendo.

Lo otro que hay que tener en cuenta es que para concretar la apertura de escuelas hay que cumplir con el protocolo que establece “baja o nula circulación del virus", lo que prácticamente no está sucediendo en ningún lado. Hay un aumento de casos en casi todas las provincias, y aún en aquellas que nos los hubiera, cabe la pregunta acerca si se justifica abrir las escuelas a menos de dos mes de la finalización del ciclo lectivo, con escuelas que aún no están preparadas sanitariamente y con una formación sobre las cuestiones de cuidado y prevención que no han tenido las y los educadores.

Como colofón, cabe resaltar que para regular la situación han apelado a la emblemática y cuestionada figura del “semáforo”. Este “ordenador” del tránsito cuyo principal problema es el “color amarillo”. Frente al amarillo, algunxs pasan acelerando y otrxs frenan de golpe. Porque el amarillo de un semáforo es lo indefinido, la incertidumbre, ¿que? hago? ¿paso o freno? ¿abro la escuela o no la abro? Una incertidumbre que a la vez habilita para hacer cualquier cosa.

Esa escuela de color amarillo en manos de los mismos que protegen la propiedad privada de los ricos y de los negadores de la solidaridad (aunque sea por derrame), seguramente devendrá en una sociedad con clases escolares y sociales cada vez más injustas y más desiguales.

Frente a esto, se impone la necesidad de desmediatizar la cuestión y tomar las decisiones que garanticen realmente el derecho a la vida y el derecho a la educación, de manera igualitaria, justa y solidaria.

 

Buenos Aires, 11 de octubre de 2020.

Miguel Duhalde

Secretario de Educación CTERA 

 

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