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Columna Editorial. Noviembre 2020

Columna Editorial. Noviembre 2020

HABLAR CON "PROPIEDAD"

Esta semana la derecha hizo flamear con mayor intensidad su bandera de la “propiedad privada” para que no queden dudas acerca de lo que están dispuestos a hacer cuando sus intereses corren el mínimo peligro. La runfla se encargó? de izar esa bandera histórica y constitutiva de la derecha en “Guernica” y en “Casa Nueva” para “alertar” sobre lo que les puede pasar a quienes atenten contra las ideas de propiedad y patriarcado, entre otras formas de dominación aún vivitas y coleando.


						

Estos ideales de la derecha han tenido como inmediata consecuencia histórica a la desigualdad, la pobreza, la explotación, la opresión, la injusticia social, la discriminación, entre otras cuestiones. Estos problemas, que en nuestro país se habían agravado producto de cuatro años de restauración conservadora, en el contexto de pandemia aparecían como un horizonte a ser resuelto en mundo que necesariamente tendría que poner en remojo los valores imperantes para soñar con un porvenir más justo y solidario.

Al principio, la crisis sanitaria se presentaba también como la posibilidad de un aprendizaje para que muchas cosas no sigan siendo como eran. En tal sentido, educación es una de esas “cosas” que no podrán continuar como estaban. Pero como lo expreso? el reconocido periodista Neal Ascherson: “Después de la pandemia, el nuevo mundo no surgirá? por arte de magia. Habrá? que pelear por él. Porque, pasado el susto, los poderes dominantes, por mucho que se hayan tambaleado, se esforzaran por retomar el control. Con mayor violencia, si cabe. Tratarán de hacernos regresar a la vieja ‘normalidad’. O sea, al Estado de las desigualdades permanentes”.

La tan proclamada “vuelta a la normalidad” tendrá? que ser pensada y planteada como una “nueva normalidad”, porque el mundo del que venimos ha sido y es, justamente, el problema.

En ese mundo del que venimos (pre-pandemia del coronavirus), reiteradamente se han sostenido fuertes ataques a la docencia, a las organizaciones sindicales y a la escuela pública, sentenciando y exigiendo que los y las que enseñamos tendríamos que cambiar nuestras prácticas, actualizarnos, renovarnos... “aggironarnos”. Sin dudas que los procesos educativos necesitan ser siempre renovados pero esa “renovación” y/o “actualización” no tiene mayor sentido si las condiciones materiales y estructurales de todas las dimensiones de lo social siguen reproduciendo las desigualdades y las injusticias.

La educación que imaginamos debería ser una política nacional, acompañada por la definición de un conjunto de políticas económicas y sociales que acompañen el proceso educativo, fortaleciendo las condiciones de inclusión y ampliación de derechos para la ciudadanía en su conjunto y, especialmente, para los sectores más afectados por las desigualdades del mundo.

Entre esas redefiniciones, esta? el desafío de constituir las correlaciones de fuerza necesarias para poner en verdadera cuestión la idea de la “propiedad privada” tal como está? instituida hoy. Reconocer la “propiedad personal” no significa que tengamos que seguir soportando la obscenidad del latifundista. El derecho a una vivienda y a la tierra que se trabaja tiene que estar de una vez por todas sobre la perversidad del terrateniente. Así?, el derecho a la educación podrá? ser de pleno ejercicio cuando podamos avanzar definitivamente como sociedad hacia ese horizonte.

Asi? como lo esta?n haciendo las mujeres contra el patriarcado, que ma?s temprano que tarde, se va a caer.

Buenos Aires, 1 de noviembre de 2020.

Miguel Duhalde

Secretario de Educacio?n CTERA

 

 

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