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LOS JÓVENES Y LA PARTICIPACIÓN BAJO LA BOTA DEL SENTIDO COMÚN

Nota de opinioón de Rogelio De Leonardi, Secretario de Derechos Humanos de CTERA.

Promediando la cuarta semana de medidas de fuerza sigue la protesta de los estudiantes secundarios y terciarios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los jóvenes, acompañados por la comunidad educativa, reclamaban participación en los cambios curriculares y en la modificación de las condiciones de cursada. La protesta se desarrolla, principalmente, bajo la modalidad de "tomas" desde hace más de 20 días y llegó a abarcar cerca de 50 escuelas. Los cambios decididos unilateralmente por el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, encabezado por Esteban Bullrich, perjudican a los estudiantes eliminando las materias específicas que corresponden a las orientaciones que acreditan las escuelas porteñas.

El notorio triunfo de los jóvenes que significó ser recibidos por el Ministro y dirigente del PRO Esteban Bullrich – que en un principio se oponía a recibirlos – dejó además una lección de odio y prejuicio. Es que juventud y la militancia se encuentran en el nudo donde se enlazan los distintos estigmas que se constituyen dentro de los límites del sentido común.

Los pibes, como piqueteros
"Los pibes se pusieron piqueteros" nos relata un trabajador no docente de una escuela porteña. En esa equiparación de términos, más que una opinión propia, se vertían algunos de los estigmas que se constituyen dentro de los límites del sentido común; ser joven y militante tiene el mismo status que ser pobre y piquetero. La asociación entre "piqueteros" y "revoltosos" es inevitable dentro del perímetro que delimita el sentido. Al caso viene también esa chabacana expresión de odio de ese conductor de televisión que descalificó a los y las jóvenes, a quienes llamó "conchudos".

La idea de "piqueteros", fuertemente anclada, o la de "conchudos" (sinvergüenzas) que pueden "forzar una reunión con Bullrich", resultan fáciles de asociar con aquello que es peligroso y atenta contra la sensación de una sociedad gobernada y ordenada. La sencillez y simpleza de las construcciones del sentido común abre una mayor probabilidad de viralizar esos contenidos políticos. Allí el aparato mediático cumple un rol indispensable, que predomina por sobre los ojos de la ciencia política, puestos sobre la multiplicación de agrupaciones estudiantiles y juveniles.

La opinión pública contra la experiencia de la política
Tampoco puede quedar afuera del debate la ampliación de los derechos políticos propuesta por el bloque parlamentario del Frente Para la Victoria. Esta propuesta tuvo la inmediata respuesta de sectores mediáticos y políticos, que acusaron la medida por demagógica. Los jóvenes son, para los vestigios activos de la sociedad excluyente, potenciales revoltosos, chorros o vagos. A ello se suma el desprestigio de la política, que desde 2001 han sabido capitalizar los sectores conservadores de la sociedad. Estos sectores propagan la convicción de que la participación en la vida política es algo exclusivo de los varones adultos, cultos e instruidos.

La desvalorización de los jóvenes no es azarosa, no es casual. La preocupación de esos sectores redunda sobre una misma cuestión: los jóvenes, quienes conservan la indignación moral frente a las injusticias del orden social capitalista, emprenden el camino de la política como forma de transformación de la sociedad. Para ese esquema de pensamiento es necesaria la negación del joven como sujeto político.

La maquinaria mediática los ha atenazado a la responsabilidad penal, mostrando evidencias del castigo y el control como la única posibilidad de contenerlos. Pero además, es conocido por todos que la originalidad de las culturas juveniles ha sido objeto de la industria del consumo masivo, convirtiéndolas sistemáticamente en simples modas comerciales. El fallecido filósofo e historiador Eduardo Rosenzvaig reflexiona respecto del lugar de los jóvenes en las sociedades capitalistas: “Privados de estímulos sociales, privados de estímulos políticos, privados de estímulos estéticos y de justicia, sometidos a los estímulos del mercado casi exclusivamente, los jóvenes se parecen a aquel experimento del que hablaba Eric Fromm: individuos encerrados en celdas aisladas, con temperatura e iluminación constantes, a los que se hacía llegar comida pero, privados absolutamente de estímulos, se observaba a los pocos días rasgos patológicos, a menudo de carácter esquizofrénico.” (Eduardo Rosenzvaig, “Argentina: Un supermercado lleno de vacíos y de jóvenes” Publicado en la web de la Revista Herramienta, Febrero de 2010).

Los pibes y pibas de las escuelas porteñas, como aquellos que militan en las distintas agrupaciones de todo el arco político en todo el país, realizan experiencias en un sentido opuesto, el de la participación y la reflexión crítica.  En este mismo sentido, Rosenzvaig formula una solución viable: “La educación pública que estamos discutiendo está llamada a crear resistencia y convicción. Crear organizaciones sociales, redes, politización hacia abajo.”


Rogelio De Leonardi
Secretario de DDHH
CTERA

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