CTERA informa que el día 29 de julio el Tribunal Oral Federal de Tucumán notifico a nuestra querella la suspensión del inicio del debate oral y público en la causa de lesa humanidad donde se investigan los delitos contra los maestros Isauro y Arturo Arancibia.
El inicio del juicio estaba previsto para el lunes 3 de agosto del corriente año, lo que suponía la preparación y organización de diversas cuestiones de orden del Tribunal, las que según el decreto que dispuso la suspensión no llegaron a cumplirse.
Desde CTERA manifestamos nuestra preocupación como querellante en esta causa, y solicitamos no solo que se fije la fecha de comienzo del debate, sino el cronograma previsto para el desarrollo íntegro del juicio, teniendo en cuenta que son muchos los docentes que quieren participar de las audiencias públicas.
Nos mantenemos en estado de alerta sobre esta situación que sigue perjudicando enormemente a la familia Arancibia y seguimos exigiendo juicio y justicia para Isauro y Arturo.
Sonia Alesso
Secretaria General de CTERA
Rogelio De Leonardi
Secretario de Derechos Humanos de CTERA
Buenos Aires, 31 de julio de 2026
¿Quiénes eran Arturo e Isauro Arancibia?
50 años de lucha contra la impunidad
Francisco Isauro Arancibia fue un maestro rural y dirigente sindical, oriundo de la provincia de Tucumán. Nacido el 25 de marzo de 1926 en el departamento tucumano de Monteros, dedicó su existencia a la defensa de la educación pública, los derechos de los trabajadores y la justicia social como presidente de la Agremiación Tucumana De Educadores Provinciales (ATEP). Su asesinato en la madrugada del 24 de marzo de 1976 dentro del local sindical, horas después del inicio del golpe de Estado que instauró la última dictadura cívico-militar en Argentina, lo convirtió en una de las primeras víctimas del terrorismo de Estado en dictadura. A sus 49 años recibió más de ciento veinte disparos junto a su hermano Arturo René, también maestro, que recibió más de 70 disparos. Su legado perdura en decenas de escuelas, instituciones y en la memoria colectiva del magisterio argentino.
Una vida de compromiso con la Escuela Pública
Isauro Arancibia nació en una familia humilde de Monteros, una localidad del interior tucumano en el sureste de la provincia. Desde muy joven fue maestro rural con el esfuerzo que representaba y mostró una vocación por el estudio y el servicio a los demás. Según testimonios de la época, Arancibia estudiaba para recibirse de ingeniero, al tiempo que trabajaba como maestro para poder mantenerse económicamente.
Sin embargo, su paso por las aulas lo cautivó de tal manera que decidió quedarse definitivamente en el magisterio. A la fecha de su fallecimiento, y siendo ya docente con una larga trayectoria, continuaba cursando la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Nacional de Tucumán.
Su hermano Arturo René Arancibia también fue maestro. La hermana de Isauro, Italia Arancibia, relató años después los últimos momentos de su vida, recordando que en la noche del 24 de marzo de 1976, tras una reunión de maestros, Isauro, en una vieja camioneta, fue dejando a sus compañeros y compañeras en sus casas antes de dirigirse a la sede gremial, a pesar del peligro que sabía que corría. Venía de despedir los restos de Atilio Santillán, secretario general de la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar, asesinado unos días antes.
Isauro estaba convencido de que «para ser maestro había que dejar de ser santo y meterse en la realidad» y que los niños debían ser «educados a razonar y cambiar la vida, no a recitarla» (buscar fuentes). Su filosofía educativa quedó sintetizada en una de sus frases más recordadas: «No hay maestro cierto y auténtico que no esté comprometido con la lucha y la liberación de su pueblo». Estas palabras reflejan su concepción de la docencia como una herramienta de transformación social.
Las huellas del maestro: trayectoria docente y gremial
La carrera docente de Isauro Arancibia comenzó como maestro de grado en la Escuela Nº 198 «Esther Barrionuevo de Calderón», un establecimiento rural ubicado en Buena Vista Oeste, Departamento de Simoca. Posteriormente tomó cargo en el Colegio del Sagrado Corazón y continuó como maestro de grado en la Escuela Nocturna Ciudadela.
Su incursión en la actividad gremial se produjo cuando fue elegido Delegado escolar para participar en la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales (ATEP) en representación de los docentes de su escuela. A partir de ese momento, comenzó a participar formalmente en la vida institucional del sindicato.
ATEP se crea el 26 de noviembre de 1949, dos días después que el Ministerio de Trabajo y Previsión de Tucumán puso en posesión a la Comisión Directiva (CD), provisoria del Sindicato del Magisterio de Tucumán, cuando esa CD se conforma en una nueva entidad. Aunque se hizo el estatuto y el sindicato se puso en marcha en esa fecha, recién le otorgaron la personería gremial en 1957. En 1953 la ATEP se integra a la oficialista Agremiación del Docente Argentino (ADA) antecesora de la Unión del Docente Argentino (UDA), con el fin de acercarse a la CGT y la Confederación General de Profesionales (CGP), pero no se pudo lograr integrar la UDA porque no aceptaba que las agremiaciones provinciales ingresen. Poco tiempo después del golpe de septiembre de 1955 la ATEP fue intervenida por las autoridades de facto. La actividad sindical recién se retomó en julio de 1957 y para agosto el interventor de la provincia dispuso la conformación de una nueva comisión directiva que en 1958 durante la administración del gobernador constitucional Celestino Gelsi logró la personería gremial y poco después se convocó a elecciones para una nueva CD, para la que se presentaron cuatro listas.
El 8 de junio de 1958, Arancibia fue elegido presidente de ATEP por la lista Azul y Blanca. Desde entonces y hasta el día de su asesinato, ejerció como máxima autoridad del gremio, consolidando la organización como un actor político y social clave en la provincia. Con la llegada de la nueva CD, ATEP comienza a cambiar sus posturas. Se reclamó el fin de la intervención del Consejo de Educación con el nombramiento de maestros y en la primera reunión de la CD se resuelve pedir un aumento de emergencia de 1.000 pesos. También, y a instancias de Isauro Arancibia, se convocan asambleas abiertas en diversas localidades, con el fin de recibir directamente las propuestas de los afiliados. Con proposiciones como que los maestros estén en el órgano directivo docente y en la redacción de las leyes educativas, propuestas encaradas por la CD. En la asamblea realizada en Monteros Arancibia dijo en su discurso inaugural que “el hombre jamás llegará a ser libre si se ve acuciado por necesidades económicas”. Otra iniciativa de la nueva CD fue recorrer todas las escuelas de la capital, para relacionarse con los docentes.
Bajo la impronta de Isauro, ATEP se convirtió en una de las organizaciones sindicales más importantes de Tucumán. Su lucha no se limitó a los alumnos ni a los docentes, sino que se impulsó el apoyo como gremio de los docentes a otras organizaciones de trabajadores de la provincia en sus reclamos sindicales, principalmente a los obreros de la industria del azúcar y otros sindicatos estatales. ATEP impulsó la unidad de todos los gremios docentes y, principalmente, la articulación con la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (FOTIA), liderada por Atilio Santillán. De la misma manera que su participación fue clave en las luchas populares obrero-estudiantiles conocidas como Tucumanazos de mayo de 1969, noviembre de 1970 y junio de 1972. La alianza entre trabajadores de la educación y obreros azucareros fue estratégica en un contexto donde la industria azucarera era el motor económico de la provincia, especialmente en el apoyo en las huelgas de los obreros azucareros, como la de septiembre de 1974, con gran acatamiento.
Isauro también fue uno de los protagonistas del proceso de unidad sindical que culminó en la fundación de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) en septiembre de 1973. De esta organización nacional, que agrupa a los gremios docentes de todo el país, fue designado Secretario General Adjunto. Junto a él, participaron en la fundación otros referentes como Alfredo Bravo, Eduardo Requena, Simón Furlán, Marina Vilte y Juan Carlos Comínguez.
La estrategia de protesta de ATEP bajo el mandato de Isauro era particular: realizaba paros sin asistencia a los lugares de trabajo, con dictado de clases en clubes, inmediaciones de las escuelas y espacios alternativos, para mantener la alianza con la comunidad y no afectar el aprendizaje de los alumnos. Los actos de protesta se realizaban con delantal y fuera del horario escolar, para no interferir con el dictado normal de clases.
El asesinato de Isauro y Arturo
Los hermanos Arancibia sabían que estaban en riesgo. Isauro había sido varias veces amenazado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Familiares, amigos y compañeros de trabajo le rogaron que se fuera de la provincia, pero él hizo caso omiso, quería quedarse para defender a compañeros y compañeras. Su compromiso con la lucha y con sus compañeros era más fuerte que el miedo.
El 5 de febrero de 1975 la presidenta María Estela Martínez de Perón, firmó el decreto 261/75, por el cual se ordenaba al Comando General del Ejército a “ejecutar las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán”. Rápidamente, el 8 de febrero, unos 1.500 militares se instalaron en la provincia bajo las órdenes del general Acdel Vilas y dieron inicio al denominado Operativo Independencia, para la eliminación sistemática de opositores políticos, mediante asesinatos, secuestros, desapariciones, el encierro en centros clandestinos de detención (CCD), como la Escuela Diego de Rojas, de Famaillá, el primer CCD del país. No obstante, muchos partidos políticos, las cámaras empresarias, la mayoría de los medios de comunicación y varias de las organizaciones de la sociedad civil apoyaron al Operativo Independencia ya que con el terror se logró el objetivo de inmovilizar a la clase obrera tucumana. Sin embargo, en el local de la ATEP, se continuaban reuniendo la militancia sindical, las izquierdas, y el movimiento estudiantil.
A fines de diciembre de 1975, Arancibia fue detenido durante unas horas, y llevado a prisión, por conducir su camioneta sin las luces reglamentarias y no poder abonar la multa que se le impuso. Esto fue poco después del 18 de diciembre de 1975 cuando el general Antonio Domingo Bussi tomó el mando de Operativo Independencia reemplazando a Vilas. El 8 de marzo de 1976 la CD de la ATEP pudo realizar su última reunión presidida por Arancibia.
El 24 de marzo de 1976, en la madrugada del mismo día en que las Fuerzas Armadas derrocaban al gobierno constitucional de Isabel Perón, un grupo de tareas integrado por policías y civiles irrumpió en el local de ATEP, ubicado en la calle Congreso al 295 de San Miguel de Tucumán. Allí vivían Isauro y su hermano Arturo.
Con dos escopetas de caza, los hermanos Arancibia resistieron el ataque y lograron dar muerte a uno de los asesinos, antes de perder ellos la vida. El cuerpo de Isauro Arancibia presentaba ciento veinte balazos, mientras que el de su hermano Arturo tenía setenta. El responsable político y militar del operativo fue Antonio Bussi, quien fue condenado a cadena perpetua en 2011por los crímenes de lesa humanidad por cumplió prisión domiciliaria y murió en prisión el mismo año.
El acta redactada por la policía tucumana en el local de ATEP enumeró lo que quedaba en la escena de la masacre-. Faltaba un par de zapatos nuevos, marca Delgado, que la familia le había regalado a Isauro para usar en la próxima misa en recuerdo de su madre. Los asesinos se los habían robado. El historiador tucumano Eduardo Rosenzvaig, en su libro La oruga sobre el pizarrón, relata que cuando los familiares encontraron los cuerpos acribillados de Isauro y Arturo en un cuartel militar, a Isauro le faltaban los zapatos. «La dictadura se había robado el par de zapatos del maestro». El juez federal Manlio Martínez, en 1976, solo admitió la versión policial y no realizó las investigaciones que correspondían, cerrando el caso. La ATEP es intervenida un 31 de marzo de 1976 a través del decreto 76/3 de la dictadura del 30 de marzo.
El maestro y su legado
Isauro Arancibia se convirtió en un símbolo de la resistencia y la defensa de la educación pública y los derechos humanos durante la dictadura. Fue una de las primeras víctimas del régimen dictatorial, y su nombre quedó asociado a la memoria de los más de ochocientos docentes asesinados y desaparecidos en aquellos años.
En su homenaje, una decena de escuelas argentinas llevan su nombre, como el Centro Educativo Isauro Arancibia destinado a la educación de jóvenes y adultos. O la Escuela Isauro Arancibia, en Monteros, Tucumán.
En octubre de 2015, tras una iniciativa de la CTERA, se restituyó a sus familiares los legajos profesionales de Isauro y su hermano Arturo, en un acto de reparación histórica.
La vida de Arancibia ha sido retratada en los documentales Maestros del viento y “El Silencio que quedó” y en el libro La oruga sobre el pizarrón, del escritor tucumano Eduardo Rosenzvaig. Cada 24 de marzo, los docentes argentinos lo recuerdan con profundas muestras de afecto.
En 2011 la CTERA se presentó como querellante. Luego se presentó la familia, unificándose la querella.
En 2019, por la lucha sostenida por CTERA y otras organizaciones, la causa por el asesinato de los hermanos Arancibia fue reabierta-, en el marco de los procesos judiciales por crímenes de lesa humanidad que continúan buscando verdad y justicia para las víctimas de la última dictadura. En 2026 fue elevado a juicio oral.
El Tribunal Oral Federal de Tucumán ha notificado que el próximo 3 de agosto 2026, en el marco del centenario del nacimiento de Isauro y a 50 años del crimen de Isauro y Arturo, comienza el juicio oral y público por esos asesinatos.






