El cuidado de nuestras infancias nos convoca a un diálogo urgente como sociedad. Hoy, los indicadores socioeconómicos nos alertan: la pobreza estructural, la caída del salario familiar y el fuerte desfinanciamiento educativo (con un recorte del 53,6% en el área) ponen en riesgo el presente y el futuro de millones de niñas, niños y adolescentes en nuestro país.
Erradicar el trabajo infantil es una tarea colectiva que requiere establecer alianzas, defender los consensos democráticos y exigir que el Estado no se retire de sus obligaciones históricas. La vulnerabilidad de los hogares con adolescentes —donde la pobreza golpea más fuerte— nos exige redoblar el compromiso.
Para que haya igualdad de oportunidades es importante fortalecer la educación pública.
¡TARJETA ROJA AL TRABAJO INFANTIL! El mejor lugar para los niños, niñas y adolescentes es la Escuela.
El Estado es responsable de garantizar políticas públicas integrales de promoción y protección de los derechos de los NNyA. Unámonos para exigir inversión en educación y garantizar condiciones dignas para enseñar y aprender.





