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LA MUSICA PROCESADA

Nota de opinión del periodista Marcelo Simón para la Revista Canto Maestro nº 11.

A veces la recuerdo, casi con simpatía: era, me parece, ni linda ni fea, una mujer gris de mirada blanduzca, que en 1975 trabajaba en radio El Mundo: se trataba de una diligente pero inservible colaboradora de la Dirección Artística, que todos los días, tal vez porque yo conducía una audición de música folklórica, hacía denodados esfuerzos por patentizarme su encendido interés por los temas nacionales paradigmáticos; su relato favorito era el de su emoción cuando conoció la Casa de Tucumán.Aseguraba Dora -tal su nombre- que esas cosas que a ella y a mí nos importaban, decía, eran miradas con indiferencia para otros. Eran fantásticos su humildad, su tono de víctima! A veces esperaba hasta una hora en el estudio en el que hacía mi programa para despacharme su recurrente discurso, después de haber aprobado con gesto dulzón mis discos: Yupanqui, Piazzola, Mercedes Sosa, Olimareños, Patix Andión, Jaivas, Víctor Heredia, Nueva Trova, Cafrune, Troilo, Zitarroza, Huerque Mapu, Larralde, Quilapayún, Los Trovadores, Chabuca, Vinicius, Pugliese... Los escuchaba y levantaba el pulgar de su mano derecha. Más de una vez algunos de ellos les firmaron autógrafos.


Después de marzo de 1976, Dorita hizo algunos cambios: nombrada jefa de no sé qué área en la radio de la calle Maipú, en una pared de su despacho había colgado un gran cartel que decía "Prohibido girar a la izquierda", y , visible bajo el vidrio de su escritorio, una lista de artistas y comunicadores proscriptos; entre otros, el sufrido oyente de sus confesiones patrióticas: yo. Algunos compinches de la vieja emisora me contaron que las veces que alguien me mencionaba, se santiguaba y decía que subversivos como el suscripto debíamos ser ejecutados donde quiera se nos encontrara.Elijo a esta oscura mujer como un símbolo de ese quiebre que para muchos de nosotros fue el golpe de Videla y Cía. Como se sabe, diversos protagonistas del espectáculo venían sufriendo amenazas desde antes. Y eso provocaba curiosas, patéticas reacciones. En 1975 yo mismo - en una lista que también incluía a Federico Luppi, Víctor Laplace e Inda Ledesma- recibí en Canal 13 una carta en la que me condenaba a muerte la Triple A de López Rega. Evoco con emoción la conmovedora solidaridad de la otra AAA: la Asociación Argentina de Actores; ahí estaban entre otros, Brandoni, Llewellyn, tantos! Dándonos ánimo, sacándonos el miedo del pecho. Mientras, en mis gremios naturales, encontraba solo silencio. La divulgación de los nombres involucrados significaba además levantamiento de contratos y la finalización de algunas amistades que, por las dudas, dejaban de vernos. Había otros problemas que surgían de la esquizofrénica realidad de vivir "en libertad" mientras ya se oía el chirrido de las bayonetas a lo lejos: algunos tomaban custodios y la vida se convertía en una experiencia pegajosa, obscena, desdichada. Creo que eso le pasó al matrimonio de David Stivel y Bárbara Mujica, por ejemplo. Y después del 24 de marzo abur!


Las listas de prohibidos estaban en todos los despachos. Allí aparecían nombres previsibles y otro incomprensibles: Suma Paz, Carlos Di Fulvio, Chacho Santa Cruz, algún cuartetero cordobés. Había también un índex de canciones con más de una perla: no se podía pasar la cueca "P´al comisario" cantada por los Chalchaleros, porque en su picaresca letra el paisano pide chupar del mismo vino que toman los curas, el comisario y el gobernador. Una afrenta para la autoridad!
Eran, además de brutales, brutos: en alguna emisoras existía un listado de palabras subversivas: pueblo, obrero, proletario, cubismo! El colmo ocurrió en la radio de nuestra Dora, la que prohibía girar a la izquierda: allí un burócrata de gorra... prohibió a Gardel! La causa: sus guitarristas, decía el pobre tipo, tocaban mal.Pero lo que más me impresiona memorar ahora no es tanto la locura censora de los coroneles metidos a directores artísticos en radios y canales de televisión (todos en manos del estado), sino la complicidad miserable de algunos pocos compañeros de trabajo, que alcanzaron niveles de genuflexión notables. Por cierto, se levantaron prácticamente todos los programas que estuvieron en el aire hasta el 23; adiós, en mi caso, a Canal 13 y a la tira de Radio Belgrano. No así a Radio Nacional donde con el mismo título, un compañero siguió haciendo mi audición, "cuidándotela para que no te la roben". La cima debe encontrarse antes y durante el Mundial de Fútbol de 1978 cuando algunos periodistas llegaron hasta el borde del asco y un poco más, defendiendo lo que ellos llamaban la Argentina: los torpes generales.


Han pasado 25 años y me parecía que me lo podía tomar con humor.Pero me dan ganas de llorar.

Los dinosaurios
Los amigos del barrio
pueden desaparecer
los cantores de radio
pueden desaparecer
los que están en los diarios
pueden desaparecer
la persona que amas
puede desaparecer.
Los que están en el aire
pueden desaparecer en el aire
los que están en la calle
pueden desaparecer en la calle.
Los amigos del barrio
pueden desaparecer,
pero los dinosaurios
van a desaparecer.
No estoy tranquilo mi amor,
hoy es sábado a la noche,
un amigo está en cana.
Oh mi amor
desaparece el mundo
Si los pesados mi amor llevan todo
ese montón de equipajes en la mano
oh mi amor yo quiero estar liviano.
Cuando el mundo tira para abajo
yo no quiero estar atado a nada
imaginen a los dinosaurios en la cama
Cuando el mundo tira para abajo
yo no quiero estar atado a nada
imaginen a los dinosaurios en la cama
Los amigos del barrio
pueden desaparecer
los cantores de radio
pueden desaparecer
los que están en los diarios
pueden desaparecer
la persona que amas
puede desaparecer.
Los que están en el aire
pueden desaparecer en el aire
los que están en la calle
pueden desaparecer en la calle.
Los amigos del barrio
pueden desaparecer,
pero los dinosaurios
van a desaparecer.

Charly García

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