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Columna Editorial. Septiembre 2020

Columna Editorial. Septiembre 2020

A LA SEDICIÓN, EDUCACIÓN

En la Argentina usamos habitualmente la palabra “sedición” cuando los militares o las fuerzas policiales realizan levantamientos o movimientos antidemocráticos destituyentes. Sin embargo, el significado del términos más amplio y también se define a la sedición como el “levantamiento de un grupo de personas contra un gobierno con el fin de derrocarlo”.Teniendo en cuenta esta última acepción, lo que hemos visto entonces en los días pasados, podría caracterizarse como minorías sediciosas-militaresy civiles, unidos de patrulleros y/o cacerolas, respectivamente-, llevando a cabo “levantamientos” para poner en riesgo la gobernabilidad de un proyecto político elegido democráticamente por el voto popular hace menos de un año.

Estas minorías intensas y sediciosas han enarbolado reclamos “justos”, “no tan justos” o, directamente, “injustos”, todos metidos en una misma bolsa donde se mezclan pedidos de aumento salarial, protestas por la prisiones domiciliarias, rechazo a impuestos sobre las grandes fortunas, oposición a reformas judiciales, judicialización por las redistribuciones coparticipativas con sentido federal, quema de barbijos, marchas anticuarentenas, etc. etc.

Protestas de minorías intensas y sediciosas que se han concentrado (fundamentalmente) en lo que históricamente llamamos “la capital”. Territorio en el que se puede ver cómo vocifera y se contagia en las calles esa mezcla de sabiondos y suicidas compuesta por señoras republicanas mayores acomodadas económicamente y desacomodadas intelectualmente, jóvenes liberales-libertarios con escasa cantidad de palabras en su vocabulario y que no logran a expresar más de 140 caracteres coherentes seguidos, pseudointelectuales de medio pelo que confunden derechos con privilegios, adultos clasemedieros en caída libre que defienden los intereses de la clase que los explota diariamente y que piden misericordia por los pobres millonarios, y gordos caseros que gritan y actúan para la TV como si se tratara de una reedición de cha cha cha en vivo y en directo.

Frente a toda esta mescolanza, pero especialmente frente al levantamiento sedicioso policial de la última semana, hubo una respuesta del Estado Docente que fue más allá de las expectativas de muchos/as, y cuya idea central puede extrapolarse para toda esta tipología de expresión destituyente. Además del aumento salarial y algunas mejoras en las condiciones laborales para la milicada sublevada, también se los mandó a estudiar. Hubo un reconocimiento ante el pedido sectorial pero también se le asignaron obligaciones de formación a través de la creación de un Instituto Universitario. Institución que tendrá la difícil tarea de jerarquizar profesionalmente a una fuerza a la que ahora se le exigirá ir a la escuela para aprender a respetar la democracia y los derechos humanos.

A esta decisión habría que hacerla extensiva porque también necesitan ser formados en ciudadanía, democracia y derechos humanos las señoras mayores republicanas, los jóvenes en modo twitter crónico, los adultos desclasados y los gordos caseros. No habría que justificar nada más para ello, pues sobradas muestras de su ignorancia en estos temas dan estos sectores cuando se les acerca una cámara o un micrófono y se les pide opinión. Incluso, hasta vergüenza, también dan.

Un Estado Docente es el que esta Argentina necesita para formar a muchos residentes de barrio norte que defienden las políticas de “dar más a los que tienen más” y que se niegan a redistribuir equitativamente la coparticipación.

Un Estado Docente para formar también a las minorías intensas que pierden elecciones y no se aguantan esperar y transitar el devenir democrático cuando conduce el país algún proyecto político nacional y popular.

Un Estado Docente que le haga comprender a los necios que el problema educativo de hoy no es la cuarentena y que la cosa no se resuelve mandando de nuevo a todos/as a los espacios físicos de las escuelas que todavía no están en condiciones; sino que el problema consiste en entender cómo hacemos para educar en pandemia partiendo de la situación de desastre que dejó el ajuste macrista sobre el sistema educativo y que llevó a gran parte de la población a las peores condiciones de desigualdad.

Así como ante la sedición tendremos que hablar cada vez más de educación, ante la desigualdad tendremos que hablar cada vez más de redistribución…  Hablar de educación y redistribución, pero también practicarlas. Esa es la tarea.

 

Buenos Aires, 14 de septiembre de 2020.

Miguel Duhalde

Secretario de Educación CTERA

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